La otra cara de la moneda, los fans de Trump: Me encantaría ser voluntaria para construir el muro

Nelly Carmenatty madrugó para llegar desde las afueras de Washington hasta la explanada central de la capital y ver el discurso de Trump. La lluvia y las más de tres horas de cola no le quitaban la sonrisa de ilusión por la inminente investidura de alguien que, a su juicio, “cambiará el país para mejor”.


Por Lucía Leal
Washington, 20 de enero (EFE).- Cientos de seguidores de Donald Trump se congregaron hoy en Washington con la esperanza de que el nuevo presidente de EU cumpla dos de sus grandes promesas: la de devolver al país los empleos que se han trasladado al exterior y la de construir el prometido muro en la frontera con México.
Nelly Carmenatty madrugó para llegar desde las afueras de Washington hasta la explanada central de la capital y ver el discurso de Trump. La lluvia y las más de tres horas de cola no le quitaban la sonrisa de ilusión por la inminente investidura de alguien que, a su juicio, “cambiará el país para mejor”.
“Me encantaría presentarme voluntaria para construir el muro” en la frontera con México, aseguró a Efe esta puertorriqueña de mediana edad residente en el estado de Virginia, que se reconoce como latina pero no le “gusta” la inmigración ilegal.
“Hay gente que llega aquí y trata de aprovecharse del Gobierno. Y yo he trabajado muy duro por lo que tengo”, añadió Carmenatty, que lucía orgullosa unos pendientes con los nombres de Trump y de su vicepresidente, Mike Pence.
Más adelante en la cola que rodeaba varias cuadras al suroeste del Capitolio, Lisa Maruschak se aseguraba de que todos vieran bien su camiseta con el lema “Orgullosa de ser una deplorable”, el calificativo con el que la candidata demócrata, Hillary Clinton, se refirió a los simpatizantes de Trump durante la campaña electoral.
“Creo que Trump nos va a devolver los trabajos. Es hora de que las cosas que se fabrican fuera estén sometidas a muchos impuestos”, dijo a Efe la fan incondicional del magnate, residente en Youngstown (Ohio), una de las localidades más afectadas por la desindustrialización y la pérdida de empleos en el país.
Si Trump le concediera un deseo, Maruschak pediría que “devuelva a Estados Unidos la fábrica de las Oreo, porque las producen en México, ¡y esa es nuestra galleta!”.
Pero también espera que “revierta todo lo que ha hecho”el presidente saliente, Barack Obama, a quien considera “socialista”, y que “bloquee la inmigración ilegal”.
“Estoy a favor de la diversidad y de toda esa basura, pero no quiero que la gente viva aquí a costa de mis impuestos”, subrayó.
A su lado, su hijo Eric Miller asentía convencido. “Estoy bastante seguro de que va a empezar pronto a deportar a inmigrantes indocumentados”, sostuvo.
La multitud que esperaba para acercarse todo lo posible a Trump era abrumadoramente de raza blanca, pero también más joven de lo que indican los perfiles demográficos del votante de Trump, con numerosos adolescentes en la cola.
Muchos de ellos participaban en excursiones escolares organizadas meses antes de las elecciones y no eran necesariamente seguidores del nuevo presidente, pero otros, como Hunter Lacey, no tenían tapujos en expresar su apoyo incondicional al magnate.
“Creo que en los últimos ocho años, este país ha caído más bajo que en ningún otro momento en Estados Unidos. Es hora de unirnos y reconstruir la economía”, indicó a Efe ese joven de 18 años, que viajó a Washington con sus padres desde el sureño estado de Georgia.
“Va a ser un presidente fuerte en lo militar y eso me gusta, porque mi padre es militar y yo quiero serlo”, agregó Lacey.
El joven también confía en que Trump cumpla su promesa respecto al muro en la frontera con México, aunque advierte que “no va a ser lo que todo el mundo imagina, no va a ser un muro grande de ladrillos rojos, pero sí hace falta un mayor control en la frontera y echar a la gente (indocumentada) fuera”.
“No es que yo crea que la inmigración sea mala. Los que apoyamos a Trump no somos gente mala. No somos gente racista. Tengo muchos amigos negros y muchos amigos hispanos (…). Pero va a deportar a la gente mala, a los narcotraficantes”, concluyó Lacey.
En la cola también hay entusiasmo por otra propuesta principal de Trump: la de derogar la reforma sanitaria de Obama y reemplazarla por otro sistema. Es el caso de Sil Schooler, una dueña de un “pequeño negocio” en el corazón del estado de Virginia.
“Nos han forzado a contratar el seguro médico (para nuestros empleados) y no nos gusta tener que garantizar cobertura por maternidad cuando nadie en nuestro grupo va a tener hijos”, apuntó.
Otros asistentes, en cambio, evitaban profundizar en sus expectativas y se limitaban a regocijarse del “momento histórico”.
“Trump ha sido un soplo de aire fresco” en la política de EU, aseveró a Efe Roger Granquirst, de Michigan.


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